Usurpación de títulos y honores – Sobreseimiento – Atipicidad

Nacional \ Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
Fecha resolución: 01 - Sep - 2020

“(…) I. Intervenimos en la apelación interpuesta por el fiscal contra el auto que sobreseyó a D. N. Gagliardo.

II. El nombrado se habría arrogado el título de licenciado en administración y finanzas desde hace veinte años e incluso entregó una tarjeta personal a su sobrino, P. J. G., en la cual rezaba “Lic. Daniel Gagliardo. Administración y Finanzas”.

El acusador público entendió que la conducta se circunscribe en el delito de usurpación de títulos previsto en el segundo párrafo del artículo 8 de la Ley 20.488 y en el 247 del Código Penal. Y en dos oportunidades, solicitó que sea convocado a prestar declaración indagatoria y en su desarrollo forme un cuerpo de escritura.

La Dirección Despacho del Ministerio de Educación de la Nación informó que no se encuentra registrado desde el 2012 en adelante, por lo que no está probado fehacientemente que no ostente aquella profesión, ya que pudo haberse recibido con anterioridad a esa fecha. Sin embargo, ello no es óbice para descartar aun que se haya configurado un ilícito penal.

Es que, de todos modos, si se admitiera que no posee la licenciatura y se la atribuyó -primer elemento que exige el tipo- aún restaría corroborar la publicidad de dicho acto. Recordemos que “…el delito consiste en arrogarse grados académicos, títulos profesionales u honores, esto es, en atribuírselos falsamente de un modo público también. Para ello basta cualquier medio: anuncios, membretes, placas. No basta, en cambio, la mera aceptación silenciosa de un título que no se tiene. Quien es doctoreado” no está obligado a una aclaración continua. Lo ilícito es doctorearse” (Soler, Sebastián, Derecho Penal Argentino, Tea, Bs. As., 1994, T. V, p. 178) -el subrayado y negrita nos pertenece-.

En ese sentido se sostuvo que “La acción de arrogarse debe entenderse como la conducta de atribuirse dichas cualidades por parte del autor que no las posee, la cual también debe ser exteriorizada en forma pública, aunque no se requiere que se lleve a cabo algún acto que implique el ejercicio de una profesión o el efectivo goce del grado u honor de que se trate. (…) La publicidad es un requisito fundamental de este tipo penal” (Arce Aggeo, Miguel- Báez Julio C., directores del Código Penal. Comentado y Anotado, tomo 3, Cathedra Jurídica, Buenos Aires, 2013, pág. 1119).

En el caso, únicamente contamos con la posible entrega de su tarjeta, lo que no es suficiente para demostrar su comisión. Y si bien el fiscal estima que por su experiencia se puede afirmar que serían más de una, lo cierto es que ello no se acreditó, siendo así una apreciación subjetiva de limitado valor indiciario.

Su proceder no puede entenderse como una exteriorización pública de una conducta que reúna todos los elementos objetivos que exige el tipo en análisis, pues fue realizada a un pariente cercano, dentro del ámbito de privacidad del seno familiar.

Y es necesario distinguir entre una simple ostentación por vanidad de un acto propio de la órbita penal.

No hay prueba que demuestre lo contrario. Nótese que el propio P. J. G. aseguró que se la dio hacía dos años y sin brindar mayores detalles, agregando que, tiempo después, habló con su madre y se enteró que su tío había comenzado la universidad, pero no la había terminado, precisando que “yo que sí estudie, me indigne porque mintiera públicamente sobre ese tema y decidí formular la denuncia”.

No es menor que se desempeñaría como presidente de la sociedad “M. S.A.” encargada de la producción y edición de discos, lo que tampoco evidencia necesidad de simular ejercer aquella profesión, más aún cuando el denunciante no mencionó que lo hiciera justamente desempeñando esa función.

Así, si bien asiste razón al recurrente en cuanto a que el título exhibido en la tarjeta existe conforme la normativa citada en su dictamen y su sola presentación en otras circunstancias podría llegar a ser suficiente para justificar un reproche, lo cierto es que, en este supuesto, al no verificarse un elemento fundamental del tipo, tal como es su arrogación fuera de un ámbito privado, no puede atribuirse el delito contemplado en el artículo 247, segundo párrafo, del Código Penal. (...)

Descargar archivo 1 : fallos49364.pdf
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