Después de la Guerra contra las Drogas: Una Propuesta para la Regulación.

Las políticas sobre drogas a nivel mundial se arraigan en un loable afán por atender los muy concretos efectos nocivos que pueden crear las drogas psicoactivas no médicas. Tales inquietudes han impulsado una agenda prohibicionista global: una agenda que confiere a quienes la apoyan una autoridad moral clara y directa, mientras que quienes se oponen a ella aparecen como ética y políticamente irresponsables. Tal pensamiento binario, sin embargo, puede resultar problemático. Definir la prohibición más severa como la posición moral impide una consideración matizada de los impactos de la prohibición. En particular, se vuelve muy difícil apreciar los impactos y logros de la prohibición, y aprender de ellos. Los intentos realizados al respecto hasta el momento han zozobrado, en el sentido de que analizar la prohibición significa cuestionarla, y ello constituye en sí mismo un acto inmoral – un acto que equipara a quien lo realice con las infamias, por todos conocidas, del tráfico ilegal de drogas en el mundo. Irónicamente, apoyar el status quo perpetúa dicho tráfico, y los daños que éste genera.
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