doctrina

El principio de proporcionalidad y merecimiento empírico

Los  especialistas  en  derecho  penal  de  todo  el  mundo   hablan  del  “principio  de proporcionalidad”, a pesar de que con él distintas 
personas a veces se refieren a diferentes cosas. Algunos lo utilizan para referirse a la idea de que la magnitud de la pena debe ser proporcional a la gravedad del delito, del daño o mal realizado. Otros lo utilizan para referirse a la idea de que la magnitud de la pena debe ser proporcional a la culpabilidad general [overall blame worthiness]* del delincuente. Esa culpabilidad general toma en cuenta la gravedad del  delito, pero también considera una variedad de otras cosas, como el estado mental culpable del delincuente en la comisión  del  delito  –ya  sea  que  obró  con  propósito,   a  sabiendas,  de  manera imprudente o negligente–, su capacidad general para  actuar racionalmente –por ejemplo si se tratara de un enfermo mental, un menor, o estuviera drogado– o cualquiera de las otras numerosas condiciones de excusa –por ejemplo si actuó bajo coacción, bajo un error de derecho razonable o  bajo un error en cuanto a la justificación. Cuando me refiero al “principio de proporcionalidad”, quiero hacer referencia a esta última y más amplia idea –que la pena debe seguir la culpabilidad 
general del delincuente por un delito. 

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